Paracaidismo

Siete. Siete nubes. Siete blancas y esponjosas nubes. Y yo aquí, a punto de meterme la piña más grande de mi vida y, seguramente, también la última. Aunque, claro, ya me lo advertían cuando me hicieron firmar ese papel conforme eximía a la compañía de cualquier responsabilidad en caso de accidente.

Acabo de pasar por dentro de una de esas siete nubes. La verdad, no sé muy bien qué me esperaba… Tenía la irracional esperanza de que la nube resultaría una especie de colchón esponjoso que amortiguaría mi caída, pero lo único que he conseguido es mojarme. Así que, ahora, aparte de tener la certeza de que voy a morir, sé que lo haré empapado y muerto de frío.

¡Mira! Ya se distinguen los coches. Parecen hormigas allá a lo lejos…

¿Me podrán reconocer? Aunque, realmente: me incinerarán; así que no creo que tenga la mayor importancia.

Bueno… he de admitir que las vistas son bonitas. Nunca antes había tenido una visión tan panorámica de Cataluña.

Lo siento. Apago la cámara. Tengo una cita con el duro y frío suelo.

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